Asera, la diosa madre extraviada (parte II)

Traductora: Crista Castellanos

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En Ugarit, ella era conocida bajo el nombre de Atiratu Yammi, “Aquella que camina sobre las olas”. Esto sugiere que fue gracias a ella que el tiempo del caos, representado por el océano primordial, llego a su fin, dando comienzo al proceso de Creación. El Dios Mar, o serpiente de Mar Yam, es la entidad sobre la cual ella camina. En un fragmento particularmente sugerente y extraño de la biblia, Reyes 2 18:04, un reformador monoteísta en su carrera típica para destruir las piedras sagradas y abatir las Aseras, agrega este detalle: “ Quitó los lugares altos, quebró las imágenes, rompió los símbolos de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces los hijos de Israel le quemaban incienso; y la llamó Nehustán.”

E¿Qué? ¿Perdón? Este curioso fragmento abre en mi opinión una caja de pandora. He aquí la serpiente y el árbol venerados juntos. ¿El Jardín del Edén? ¿Qué era acaso lo que hacia la gente en un bosque? Veneraban ídolos, obviamente, quemaban incienso según se ha dicho. Este fragmento de Oseas es ilustrativo: Oseas 4 12:13 “Mi pueblo a su ídolo de madera consulta, y su vara le responde; porque el espíritu de fornicaciones los ha engañado, y se han dado a la fornicación dejando a su Dios”. Él condena aquellos que consultan un pedazo de madera, sugiriendo que hacían preguntas a un oráculo y hacían sacrificios bajo los robles, los álamos y los terebintos “porque su sombra era buena”. Son acusados de prostitución, lo cual puede hacer simplemente referencia a una actividad sexual, o simplemente una analogía a lo que los monoteístas decían acerca de la gente entregada a los “falsos” dioses cananeos. Israel era considerado como la esposa de Yaveh en el pensamiento monoteísta, así, venerar otros dioses era como prostituirse.

Estos fragmentos tienen sentido cuando comprendemos que el simbolismo de los árboles está profundamente ligado a Asera. Ahora, sabemos que ella fue venerada en los bosques, con una representación en madera y que la gente le hacía sacrificios.

Uno de los títulos de Asera fue Elat, una palabra que significa diosa, de la misma forma que “Él” no es solamente el nombre de un dios sino una palabra para decir dios en general. Curiosamente, la palabra Elat es traducida en la biblia como terebinto, un árbol de gran sombra que se encuentra en Israel. Durante largo tiempo Dios no es traducido como Yaveh, nombre dado por Moisés, sino por la palabra hebrea Elohim, que es plural, sin género, y que significa “dioses”. Esta palabra también está ligada al nombre “roble”. ¿Qué significaba este árbol realmente para aquellos que rendían culto en los bosques? ¿Acaso veían en ellos dioses? ¿La diosa como un árbol verde que extiende sus ramas sobre sus devotos y les ofrece sombra en una tierra calurosa?

Los hebreos no eran los únicos que veneraban los dioses en el bosque, eso está claro. Los celtas, los griegos y los pueblos germánicos tenían también tenían cultos en medio de los bosques. Sus dioses eran dioses de la naturaleza. ¿Eran los Israelitas tan diferentes?

En la Biblia, Elohim crea un hombre y una mujer. Ahora que sabemos que el tono monoteísta de las actuales biblias no representa realmente la religión hebraica de terreno (lo que William Denver llama “religión folklórica” en oposición a religión de libro) veamos más de cerca al Creador:

Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Y creó Elohim al hombre a su imagen, a imagen de Elohim lo creó; varón y hembra los creó”.

¿No toma esto una significación diferente al saber que la diosa madre era venerada junto con Dios, en cada hogar y bajo cada árbol verde de los bosques? ¿Quién es ese “nosotros” en la creación? Bien, evidentemente los creadores son masculino y femenino al igual que los seres creados.

Pasemos ahora a un pasaje posterior, 1 Reyes 18:19 lo que establece claramente que Asera era servida por profetas: “Ahora pues, envía a reunir conmigo a todo Israel en el monte Carmelo, junto con cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y cuatrocientos profetas de la Asera que comen a la mesa de Jezabel.” No se trata entonces de una religión menor. Tal vez si los profetas dijeron que esta fue adorada bajo cada árbol, eso es literalmente lo que quisieron decir. Cada árbol, cada casa y también, a veces, en los templos.

En el Éxodo, nos es dicho que Dios advirtió al pueblo de deshacerse de los emblemas de Asera una vez llegados a la tierra del Canaán, en la época del libro de los Jueces y Reyes, se nos dice que los “buenos” profetas y reformadores debían destruir y continuamente quemar los ídolos de Asera. Finalmente, en Jeremías, se nos dice que el culto a Asera ha dado lugar a la decisión fanática y monoteísta de un dios, de limpiar Israel y Judea (el sur de un reino antes unido) a manos de pueblos extranjeros. El hecho es que estos elementos nos son traídos por un solo autor, posiblemente un grupo de autores: el Deuteronomio. Es un personaje o posiblemente un grupo de personajes escribiendo y reescribiendo partes de la Biblia más o menos en el siglo VII antes de Cristo, es decir, antes o durante el exilio de los judíos en babilonia. Según el Deuteronomio, el padre Hilkija afirma en Reyes 2, capitulo 22, haber “descubierto” las leyes antiguas de Moisés durante las renovaciones del templo. Esos escritos, “El libro de la Ley” habrían misteriosamente desviado a Israel hacia una falsa religión, aparentemente.

Los escritos del Deuteronomio transmiten una historia según la cual los Israelitas tenían una buena relación con Yaveh, y debían venerarlo a él y solo a él. Afirman que los Israelitas habían tomado Canaán por la fuerza, en una guerra santa en la cual ellos masacraron los habitantes en nombre de Dios, hombres, mujeres y niños en Jericó. Esta afirmación no es sustentada por los arqueólogos. Se afirmó que Dios era celoso, que exigía ser venerado solo y castigaría a los infieles trayendo naciones que intentarían vencerlos, si ellos adoraban a otros dioses.

¿Era esta verdaderamente la religión de Israel? Aparentemente no. El folklor común continua levantando sus ídolos en los bosques y en los templos. Las pequeñas estatuas de Asera continuaron en los altares de sus casas. Fue solamente después de que Israel fue conquistada y Judea volvió de su exilio que los fanáticos lograron imponer un dios violento, fanático y monoteísta. El trabajo del Deuteronomio, así como los trabajos de los dos otros autores primarios, yahvistas y elohistas, fueron compilados por una cuarta fuente llamada la fuente sacerdotal, para así convertirse en la Biblia que hoy conocemos.

Asera, la diosa-árbol, Madre de la Vida, estaba perdida. Fuimos verdaderamente expulsados del Jardín del Edén por Yaveh o, al menos, por sus partidarios. Separados del Árbol de la Vida, nuestra Madre, nos convertimos en huérfanos. La religiosidad en América es mas comparable a la de Irán que a la de Europa occidental, donde la religión de Yaveh está en decadencia.

¿Es entonces coincidencia si nosotros, veneradores del dios guerrero, gastamos nuestro dinero en guerras mientras niños viven en medio de la pobreza sin derecho a la salud? Adoradores del dios-cielo nos hemos alejado tanto de nuestra madre tierra que ponemos en peligro el conjunto de la misma vida humana a través de nuestras actividades. A eso se suma el lado duro del fundamentalista que pretende haber encontrado la verdadera ley y cree que aquellos que piensan diferente son dignos de muerte o condena eterna.

Sin embargo, yo pienso que nunca ha habido un porcentaje más débil de personas fanáticas monoteístas. Estamos rodeados de la Madre Tierra y ella se ha infiltrado en nuestras tradiciones. La Shejiná, María, la Madre de Dios, el árbol de navidad, el huevo de Pascua, la imagen que nos exige respetar a la Madre con la fotografía de la Tierra vista desde el espacio, las hadas, los elfos, las esposas perdidas de los cuentos de nuestra infancia, gracias a las cuales la Diosa Madre se infiltra en nuestra psique desequilibrada. La Diosa está perdida, oficialmente, pero muy en nuestro interior algo nos la recuerda. El don de la arqueología, al restaurar Asera en nuestra consciencia, nos recuerda lo que ya sabemos: Dios tiene un lado femenino. Debe tenerlo. Pues si somos sus hijos, debemos tener una Madre.

Artículo original: https://thequeenofheaven.wordpress.com/2010/10/27/asherah-part-i-the-lost-bride-of-yahweh/

Traducción basada en la versión francesa de Ishara Labyris:
http://www.celebrerladeesse.net/asherah-partie-i–leacutepouse-perdue-de-yahveacute.html

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