¿De dónde vienen las asanas? Primera parte: el mito

Autor: Lorin Roche

Traductora: Crista Castellanos

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En un momento dado, en cualquier parte del planeta, entre el amanecer y el atardecer, hay gente haciendo yoga. Surfistas a la orilla del mar realizan movimientos inspirados en asanas para su calentamiento habitual. Atletas, bailarines o deportistas se mueven entre secuencias y preparan sus cuerpos para la acción. En centros comerciales, gimnasios y estudios de yoga, miles de personas a través de diversos tipos de yoga, fluyen entre kriyas establecidas. Otros están tal vez en la cima de alguna montaña haciendo Surya Namaskara. Más allá de las innumerables variaciones, todas estas posturas y movimientos son reconocidas como “Asanas” ¿Cuál es su origen? Hay dos respuestas básicas para esta pregunta: vienen de Dios o el ser humano las inventó. Las dos pueden ser igualmente ciertas.

El mito

Cuando comencé a practicar asanas hace 40 años, la explicación era “Las asanas vienen de Lord Shiva”, quien las transmitió a varios yoguis, como Matsyendranath y Goraksha, para ayudarles a alcanzar los más altos estados de consciencia. Otra afirmación era “Las asanas se les ocurrieron a los sabios de manera espontánea en momentos de clarividencia yóguica y son la manera a través de la cual la Iluminación es traída al cuerpo”.

Matsyendranath y Goraksha son frecuentemente señalados como los fundadores del linaje del Hatha Yoga y hay infinidad de leyendas en torno a ellos. Aquí una breve selección de mis episodios favoritos de estas historias.

Hace tiempo en la India nació un niño. Los astrólogos védicos dijeron que había nacido bajo una mala estrella y sus padres lo arrojaron al océano. Apareció un pez y se tragó al niño quien vivió en el estómago del pez. Mientras tanto, en el cielo, la diosa Parvati le pidio a Shiva que le explicara los secretos del yoga: “Revélame las prácticas que nunca has revelado a nadie”. Para no ser escuchados Shiva y Parvati fueron al fondo del océano. Shiva habló y habló sin darse cuenta que la diosa dormía (o tal vez la diosa era una estudiante hábil y tan pronto su amado empezó a hablar ella entró en yoga nidra, la mejor manera de deleitarse en su presencia y así, beber del elixir de sus enseñanzas).

Y allí están entonces: Shiva y la diosa, en el fondo del océano. El primero habla, la segunda duerme en su regazo. Están completamente solos, excepto por el pez que pasea a un bebé en su interior. Este último escucha a Shiva, recibe el conocimiento y de esta forma se convierte en estudiante de yoga. Shiva lo bendice y lo nombra Matsyendranath o Señor de los peces. Por los siguientes 12 años, Matsyendranath vive en el vientre del pez, practica yoga y finalmente emerge como un maestro iluminado.

En una ocasión, años después, Matsyendranath llega a un pueblo y se encuentra con una mujer que ha sido abandonada pues no puede tener hijos. Él le da cenizas para comer, prometiéndole un hijo. Al no creer en la promesa la mujer arroja las cenizas a un montón de estiércol de vaca. Matsyendranatha sacude el estiércol y de allí, aparece un niño de doce años quien ya es un yogui perfecto pues ha hecho sadhana desde su nacimiento. Matsyendranath lo hunta de cenizas y lo llama Goraksha (Go-raksh o “ceniza de vaca”)

En otra de tantas aventuras Matsyendranath, cuyo cuerpo es radiante y hermoso gracias al yoga, es capturado como esclavo sexual por un grupo de yoguinis que lo encuentra irresistible. No lo quieren dejar ir (¿o puede que él esté encantado con la situación al punto de no querer irse (?)). Goraksha se entera de lo que sucede y determinado a rescatar a su maestro se disfraza de bailarina y se introduce en el reino de las yoguinis. Frente a Matsyendranath, toca un tambor que canta: “Despierta Maestro, despierta” y entonces logran escapar. A través de la instrucción de Hatha yoga impartida por el discípulo Goraksha, Matsyendranath vuelve a sí mismo. Se dice que el nacimiento del Hatha yoga tal y como lo conocemos hoy en día, emergió de este reencuentro.

Estos dos amigos, estudiantes el uno del otro, continúan su viaje en búsqueda de los Nath Yoguis, por allá en el octavo, en el noveno o tal vez en el décimo siglo… ¿pero quién quiere hacer cuentas después de todo? Uno de los discípulos de Goraksha, Swatmarama, compuso el Hatha Yoga Pradipika, que todavía es publicado en nuestros días y el cual establece las enseñanzas sobre asanas, pranayamas, chakras, kundalini, bandas, nadis y mudras. El kit completo está aquí con todas las técnicas para la práctica, aunque por supuesto estas hayan sido adaptadas a las necesidades de los renunciantes, los sannyasins y los errantes hombres sagrados para quien fue compuesta. Tal vez un nuevo texto debería ser escrito, el Hatha Yoga Shaktipedia, pues yoga en occidente es más que todo un terreno femenino. De cualquier manera, esta es tan solo la historia tradicional en poquísimas palabras o mejor, servida en una hoja de betel con efectos incluidos. Hay muchísimos otros detalles increíbles en versiones largas, que podrían incluso convertirse en historieta.

Próxima traducción: La perspectiva histórica del origen de las asanas.

Artículo original: http://layogamagazine.com/content/index.php?option=com_content&view=article&id=738:where-did-the-asanas-come-from&catid=169:november-2010-issue

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