Yoga y colonización: hablemos de esto

Autora: Miyuki Baker

Traductor: Siri Gurdev

yoga-colonization

He estado reflexionando sobre el tema del yoga y la colonización por mucho tiempo, pero no fue hasta que llamé a mi amiga Talia Young para que me ayudara con mi campaña de entrenamiento como profesora de yoga que no me di cuenta de cuánto en realidad debía escribir mis pensamientos y compartirlos en público. Talia propuso muchas preguntas acerca de la popularidad del yoga en occidente y expresó su ambivalencia frente al hecho de “alimentar con más personas la ‘máquina del yoga’”, y por eso su duda inicial de contribuir con mi campaña. De muchas formas, yo me había sentido similar, cuando los profesores de yoga me pedían decir “om” antes y después de la práctica, cuando yo era la única mujer de color en las clases, o cuando practicantes de yoga alrededor del mundo estaban todos alucinados con la ropa de yoga marca Lululemon. (…).

En mi año viajando por el mundo, también encontré muchos compañeros de color, especialmente compañeros de Sur Asia, que se negaban o no estaban  interesados en el yoga porque sentían que sus cuerpos ya estaban suficientemente colonizados; ellos no necesitan un profesor blanco (porque, aceptémoslo, la mayoría de los profesores son blancos) que les enseñara a ellos cómo mover sus cuerpos usando técnicas poco apropiadas y una filosofía que se originó en Sur Asia y África, usando además sánscrito mal pronunciado.

Como activista y artista comunitaria que no tiene un así llamado trabajo “real”, la mayoría de las clases de yoga son impagables o inaccesibles, y cuando encuentro clases por donación, suelen ser siempre con muchas personas, haciendo difícil para el instructor enfocarse en cada estudiante. Afortunadamente, tomé muchas clases de yoga en la universidad que eran atendidas por mis compañeros de clase y profesores de diferentes formas, tamaños y edades. Como resultado, dejé la universidad con una práctica diaria de yoga que sentía que podía continuar sin ir a estudios caros y eso es lo que principalmente hice y lo que todavía hago hoy en día.

Cuando visité el sur de Asia en enero de 2013 (después de estar andando por siete meses), estaba emocionada de practicar yoga en una de las casas y lugares de nacimiento de este. Pero mi primera mirada a un estudio de yoga en Udaipur me reveló que solo había un cuerpo de color (el gurú) y docenas de jóvenes, blancos, delgados y presumiblemente (si ellos pudieron pagar un tiquete) cuerpos financieramente privilegiados. No debí estar sorprendida, ya que había conocido algunas personas en otros países occidentales que ya habían estado o planeaban viajes a la india con el propósito de atender retiros de yoga. No era una tendencia particularmente nueva que me topara por primera vez en Udaipur, pero mis sentimientos de resentimiento se agravarían semanas después, cuando un amigo surasiático me envió un artículo de noticias de Nueva Delhi aconsejando (ricas) amas de casa con ítems para comprar y verse fabulosas en su próxima clase de yoga. Al final, no tomé ni una sola clase de yoga en mis tres meses de estadía en la India.

Ciertamente, no soy la primera persona que dice que el yoga necesita una seria de-colonización, y ya hay conversaciones increíbles y discusiones sobre este tema, pero espero que escuchen mi perspectiva personal. También les pedí a algunos amigos de color, algunos que practican yoga, a unirse en la conversación.

Primero que todo, como vegana, he visto cómo las prácticas y filosofías son rápidamente cooptadas y convertidas en empresas comerciales y capitalistas. He visto cómo “vegano” usualmente significa “caro” o “blanco”, porque es una tendencia entre ricos o audiencia blanca. Esto último es deprimente para mí, porque he ahorrado mucho dinero cocinando y comiendo comida vegana, y sé que mi historia de comida japonesa provee pruebas de que antes de la colonización, muchos indígenas subsistían con dietas predominantemente veganas. (…). Tomo el veganismo porque, en mi mente, yoga, veganismo y meditación van todas de la mano en este proceso de corporalización, colonización y apropiación cultural. (…).

Roopa Singh, el fundador SAAPYA pone la contradicción del yoga en occidente de forma hermosa: “Amar el yoga, pero odiar a los surasiáticos… practicamos asanas y lanzamos drones a Pakistán. Alimentamos una alta industria de la moda del yoga, amamos Lululemon y apoyamos la continuación exponencial de los desastres tipo Triangle Factory en Bangladesh. Amamos el doctor indio de nuestro hospital favorito, mientras crímenes de odio y tiroteos continúan en templos hindúes, tiendas de Patel Brothers y hacia taxistas surasiáticos. Idealizamos surasiáticos espirituales como Deepak Chopra, pero erradicamos a los oficiales surasiáticos electos más derechistas”.

Como pueden ver, el problema no es tanto el hecho de que personas no nativas estén practicando y enseñando yoga, sino que ellos han convertido el yoga en un esquema exótico de hacer dinero que nos puede ayudar a lograr la iluminación solo si sucede que somos ricos, blancos, delgados y con apariencia femenina. Si alguna vez has practicado yoga en algún estudio famoso, has visto propagandas de estudios de yoga o has observado a personas en la calle cargando mats de yoga, seguramente estarás de acuerdo conmigo en que las últimas tendencias del yoga elevan ciertos tipos de cuerpos como más hermosos que otros. Esto es verdad de la mayoría de las actividades basadas en el cuerpo, pero he encontrado que el yoga es particularmente proclive a idealizar a las mujeres blancas, jóvenes, delgadas como el modelo de yoguinis. Si alguna vez googleas ‘yoga’, sabrás que las primeras páginas de imágenes están saturadas con tales mujeres de silueta contra atardeceres en playas, imágenes que son probablemente tomadas por turistas en resorts. Como ha dicho Qui Alexander del Estudio 34 (clases de yoga queer y trans), yo también “quiero gogglear yoga y ver hermosas caras morenas, cuerpos queer, masculinidades rendidas y conscientes en todos los tamaños y formas”. (…)

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Tenemos que hacernos estas preguntas, ¿no?:

1) ¿La gente sabe por qué está diciendo ‘om’?

2) ¿Tienen una conexión o relación con esto?

3) ¿Qué es sagrado para ti?

4) ¿Cómo tratas cosas que son sagradas para otra personas? (…)

Mientras tenemos que participar del sistema de certificación, podemos y debemos tratar de hacer cambios significativos basados en nuestras experiencias físicas vividas reconociendo la naturaleza complicada del proceso de de-colonización. ¡Y muchos compañeros increíbles en los márgenes del sistema están haciendo esto! Juli, por ejemplo, dijo que en su colectivo (que es un colectivo de trabajadores que se maneja con el modelo comunista) tratan de mostrar una diversidad de aproximaciones al yoga opuestas a la línea famosa más común de variedades empacadas en los planes de pérdida de peso. Las clases de Juli están más enfocadas en mover y descansar el cuerpo en conexión con la respiración (con Vinyasa, posturas fluidas y clases restaurativas). Además, ellos tienen un blog activo donde tratan de abordar temas como la accesibilidad, terminología, caminos de yoga, decolonización del yoga occidental y cómo se trata de un proceso de continuo aprendizaje, escucha y trabajo activo. Ellos se toman el tiempo de discutir estas cosas juntos y durante el mes de marzo organizaron un proyecto de retroalimentación comunitaria donde invitaron personas para asistir a clases a cambio de una visión crítica. ¡Increíble!

Artículo completo: https://heymiyuki.wordpress.com/2014/05/14/yogaandcolonization/

 

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