Kirpan: vivir con valentía

Siri Gurudev

Khalsakirpan-1
Imagen Sikhnet

En este texto quisiera reflexionar sobre el concepto de la tradición sikh kirpan o espada y lo que eso puede significar en una vida con valentía. Fue mi hermana del alma Har Rai Kaur quien me invitó a hacer esta reflexión y me ayudó con sus ideas y comentarios.

 

Escuché la palabra kirpan hace casi un año en el retiro con Hari Nam Singh Khalsa. Para ese entonces, era una de esas personas que se sentía incapaz de defenderse cuando alguien lo agredía o maltrataba, alguien que atestiguaba el momento de verse disminuido sin ser capaz de reaccionar con firmeza y coraje. No entendía el porqué de esa situación en mi vida y buscaba respuestas.

El retiro giraba en torno a la figura del guerrero santo y por eso se dedicaba a las enseñanzas del décimo gurú sikh, Guru Gobind Singh, quien vivió en una época de guerra y fue quien, en ese contexto, hizo que los sikhs se entrenaran y usaran armas para defenderse, como justamente la espada: kirpan, que ahora hace parte de la indumentaria religiosa de los sikhs (así como una ropa especial, el turbante etc.).

La palabra kirpan tiene dos partes: kirpa que, como explicamos en nuestra campaña anterior significa amabilidad, gentileza, gracia divina y aan, que significa honor, respeto y autoestima.

Sin duda, el retiro alrededor del guerrero santo me impactó. Hari Nam nos hablaba de cómo debíamos vivir sin miedo, dignos, como reyes y reinas, comprometidos con una causa. Era un discurso muy diferente a lo que había escuchado del yoga y sobre todo de la idea cristiana de poner la otra mejilla. Efectivamente, sentirse incapaz de defenderme y protegerme significaba para mí una vida llena de miedo.

En ese mismo retiro, Kuldip Singh nos enseñó técnicas de autodefensa. Fue impactante practicar algo como eso siendo que jamás le había dado un puño a nadie. Además, no había reflexionado lo suficiente sobre la posibilidad de que el pacifismo tuviera algún matiz.

La idea de experimentar mi propia grandeza y una vida sin miedo quedó resonando en mí. Incluso busqué clases de artes marciales siguiendo el pensamiento de que no se trata de responder los ataques con una patada, sino ahuyentar el miedo fortaleciendo mi cuerpo y mi capacidad de respuesta.

La vida me llevó al camino de Santiago en España y de ahí al corazón de mi maestra, Isa, en Barcelona. Por ella comencé a estudiar Un curso de milagros. La lucha contra el ego que ofrece el Curso parecía ir en contra de entrenar en cuerpo y estar pronto a defenderse.

Isa dice en sus lecciones que mejor pensar de una vez y de antemano que somos los “pobres y los feos”, como estrategia pedagógica para el ego, el cual nos hace creer que valemos de acuerdo a cómo nos vemos o lo que tenemos.

Ella dice, siguiendo el Curso, que cuando alguien nos está atacando le debemos pedir al espíritu que nos permita ver a esa persona con los ojos de Dios, verlo como una persona que está en realidad pidiendo amor, desde su herida, y así dejar pasar su ataque. De esta forma, si no generamos cadáver (nosotros heridos) no hay asesino (el otro a quien culpamos). De hecho, cuando lo vemos de esa forma y nos entrenamos en ello, ya no perece que la percepción “alguien me está atacando ahora mismo” sea necesariamente verdadera, por más de que el ego así lo haya sentido por mucho tiempo.

Finalmente, eso era lo que había encaminado mi búsqueda: ¿qué hacer cuando alguien nos lastima?

Y entonces el Curso también dice que el cuerpo no tiene particular importancia, dado que este mundo en realidad no existe, es una ilusión del ego, una pesadilla del hijo de Dios. Y que el cuerpo es neutro y se usa como una herramienta bien sea para elevar nuestras conciencias o para cultivar más el castillo del yo.

Y lo más importante, el Curso me decía que en realidad no había necesidad de defenderse, porque “nada real puede ser amenazado” el verdadero yo no puede y nunca será amenazado, así que en realidad no es necesario defenderse, “la indefensión es la fortaleza”.

Justo en ese momento, también llega a mis manos el libro The Undefended Self (El ser sin defensa) de las personas que trabajan con el pathwork.

Así que tenía estas dos visiones frente a mí que parecen opuestas, los sikh-kundalini diciendo que debo cuidar mi apariencia personal y caminar como rey/reina y entrenar mi cuerpo, mientras Isa, a través del curso, decía que hiciéramos de vez en cuando el ejercicio de ponernos ropa que no combine o que sea fea solo para hacerle saber a nuestra mente que mi valía no está allí, en la apariencia, en si hay alguien más bonito que yo junto a mí.

Así que me pregunto: ¿por qué necesitaría protegerme, si eso es lo que la espada significa?, ¿por qué necesitaría defenderme, si eso es lo que la espada significa? Y, en últimas, ¿qué o a quién se supone que corta la espada?

La verdad es que aún no he resuelto si resuena más con mi alma la no violencia sin importar el contexto (ahimsa) o la posibilidad de que se utilice la violencia si se hace desde un lugar desapegado y sin ego (como en el Bhagavad Gita, por ejemplo). No lo sé y creo que es algo importante, pero sin duda esta conversación se puede llevar a un nivel mucho más profundo.

Tampoco sé si debo ser sobrio y humilde en mi vestir o si debo creer en que mi aura se incrementa si me visto y me muevo como un rey/reina.

Lo que sí sé es que, como sucede con los caminos de la sabiduría, hay algo en común en estas formas de pensamiento aparentemente contrarias que me permite responder las preguntas que recién hice arriba sobre la espada o kirpan.

De lo que nos defiende la espada, de lo que nos protege la espada es del miedo. El miedo a no ser aceptados, a no ser amados, a no ser suficiente, a ser finitos (el miedo a la muerte). Esto es lo que tienen en común Un curso de milagros y las enseñanzas de Guru Gobind Singh: la vida sin miedo, la vida con valentía.

Creo que no se trata de portar una espada simbólicamente (en el corazón o en la vestimenta como los sikhs) porque debamos estar listos para defendernos de los demás. No es que debamos poner límites a los otros porque ellos pueden pedir de más y tomar de más, atentar contra nuestra persona o lastimar nuestros sentimientos. En vez de eso, ponemos límites y somos capaces de decir no (empuñar la espada) porque no hacemos ni haremos nada que vaya en contra de la verdad de nuestra alma, nada que no la honre, que no contribuya a la bondad, al amor y a la autenticidad; nada que esté motivado únicamente por la aceptación o el afecto temporal de los otros. Nos mantenemos fieles a nuestra causa (la que esta sea), a nuestro compromiso con ella, y ese es el único límite que vale la pena trazar.

El compromiso con nuestra causa está por encima de las demás cosas, y por eso no hay miedo de lo que pueda pasarnos, somos valientes, sabemos de nuestra valía en tanto parte del infinito, no en tanto cuerpo o ego, y por eso, como guerreros, mantenemos nuestra autenticidad. Por supuesto, empuñamos nuestra espada desde la compasión, sin ningún interés personal (es nuestra causa, no nosotros), y por eso no lastimamos a nadie desde el ego, somos guerreros santos.

Como dice Un curso de milagros, no tememos el desamor, porque no existe nada como eso en realidad. Lo único verdadero es el amor, aunque en este mundo no lo parezca, y en realidad lo que siempre vemos es pedidos de amor de parte de unos a otros. La buena nueva es que ya tenemos, siempre hemos tenido y siempre tendremos el amor de Dios. No lo podemos perder.

Para mí, uno de los hallazgos más recientes en este camino ha sido el libro de Louis Hay, Healing your life (Sanando tu vida). Es un libro maravilloso, porque a través de él es posible ver cómo los sucesos de nuestra vida son de alguna manera causados por los pensamientos que tenemos sobre nosotros mismos, sobre lo que merecemos y lo podemos obtener. Es un libro muy empoderador y dador de esperanza; permite ver las creencias negativas que se han formado desde la niñez y dejarlas atrás de manera muy amorosa.

Cuando leí este libro, me di cuenta de que había una pregunta que no había aclarado aún con Un curso de milagros. El curso me estaba permitiendo identificar dónde estaba poniendo mi felicidad y mi seguridad personal, me estaba ayudando a identificar las jugadas mentales del ego y aprender a detenerlas, a dejar de buscar cómo atacar a otro, cómo vengarme de los otros, cómo convertir a los otros en los culpables de lastimarme cuando me siento a un lado o menos. Sin embargo, no entendía cómo era posible, con estas enseñanzas, construir una autoestima sana.

Louis Hay (así como los maestros sikh de kundalini) hablan de prosperidad, de una vida donde las cosas realmente se dan sin dificultades, obstáculos y drama, donde las cosas se piden y se obtienen. Y yo me preguntaba si esto era posible sin construir un edificio ególatra alrededor, es decir, si es posible construir una autoestima sin ego, si acaso un camino sano y sabio era también compatible con una vida próspera y exitosa.

La respuesta es imple: sí. No hay nada que, conectado con lo infinito, basado en el verdadero amor (y por ende expansivo) sea detenido por el mundo. Una autoestima sana tiene metas conectadas, limpias, elevadas, y esas metas nunca serán detenidas. Merecemos ser sabios, humildes, valientes y también exitosos en este mundo, aunque vengan muchas vidas más y, por supuesto, aunque sepamos que todos esos éxitos no son nada, que nuestro valor no depende de ellos, solo contribuyen a nuestra causa.

En el libro The Undefended Self se dice: “Necesitamos un ego sano no solo para negociar nuestro mundo humano efectivamente, con un sentido de autonomía y poder personal. También necesitamos un ego fuerte para hacer el trabajo en el camino espiritual. El salto en el ser espiritual requiere mucha preparación interna. El niño negativo centrado en sí mismo y el ego negativo inflexible son aspectos del ser inferior, necesitan reeducación y realineación para rendirse a la espiritualidad, para estar enraizados y perdurar. (…) Un ego fortalecido se requiere para animar activamente algunos aspectos del yo y para transformar a otros. El ego debe tener enfoque, disciplina y apertura. Un ego sano sabe que hay algo profundo en el ser que es más grande que sí mismo” (91-2, traducción mía).

Por supuesto la respuesta estaba en Un curso de milagros: nuestra valía no depende de lo que tenemos, de lo que sabemos o de cómo lucimos, eso también implica que nada ni nadie puede arrebatarnos nuestra propia estima, el amor que cada uno tiene hacia sí mismo. Nadie puede acabar nuestra dignidad y altura, aunque se lleve lo que tenemos, lo que sabemos o cómo lucimos. Nuestro valor no puede ser disminuido ni aumentado así como el valor de ninguna otra persona. Estamos todos, de hecho, conectados a un mismo nivel, que es el nivel de lo infinito.

Eckhart Tolle lo dice en esta charla de “Ego vs. autoestima: “la verdadera autoestima viene de no identificarse con la forma. No sé si debemos llamarlo autoestima, pero es un sentido de valía, de verdadero poder que viene cuando te das cuenta de lo informe en ti mismo, esa dimensión, y todo poder viene de allí. Pero va más allá de la persona que eres. Si estás enraizado en lo informe, por así decir, hay enorme sentido de valía allí, pero no es comparativo, no es “más que”, ves el mismo valor en todo el mundo, incluso si ellos no lo saben de sí mismos aún. Es poder, pero no es más poder que el de ellos, es solo el poder de la vida en sí misma y sabes que todo el mundo es una expresión de ello. Así, trasciendes el sentido de autoestima y no significa que pierdes el sentido del valor personal, solo se transforma en algo más profundo”.

Es por eso que la respuesta a la última pregunta: ¿qué corta la espada? Viene enseguida. Lo que corta la espada es la negatividad. Eso es lo que dice el mantra de Jai Te Gang, la oda a la espada:

Khag khand bihandan khal dal khandan at ran mandan bar bandan
Bhuj dandh akhandan tej parchandan jot amandan bhaan prabhan
Sukh santaa karnang durman darning kilbikh harnang as sarnang
Jai jai jag kaaran srist ubaaran mam pratipaaran jai tegang

La espada rompe los demonios de la mente y el cuerpo. Esta arma hermosa y poderosa adorna el campo de batalla de la vida. Es como una extensión del brazo, irrompible, terriblemente rápida, su impresionante esplendor eclipsa incluso el sol. La espada protege la paz y la felicidad de los santos y destruye cualquier energía negativa de gran alcance. Ella ha borrado la negatividad y la culpa que llevo. Yo busco su refugio. ¡Alabado, alabado sea el gran hacedor del mundo, salvador de la creación, mi gran protector, alabada sea la espada!

La espada corta el diálogo mental negativo que tortura la autoestima, los infinitos círculos mentales que nos llevan a caer en el “no soy capaz”, “nunca podré lograr esto”, “esos es demasiado para mí”, “no lo merezco”, “no soy suficiente”.

Así que, desde este presente, estoy preparado para empuñar la espada kirpan, en favor de la autenticidad, de la ausencia de miedo y de negatividad, en favor de la autoestima sana y la compasión.

¡A la carga mis valientes!

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