El demonio lo llevamos dentro

Siri Gurudev

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Imagen: cpguidancegroup.com

Cuando entramos al mundo del yoga comenzamos inmediatamente a familiarizarnos con la idea de que somos “seres de luz”. En nuestras clases o en nuestras formaciones nos recuerdan que lo infinito está adentro y que lo podemos alcanzar con una meditación profunda. Escuchamos cosas como dejarlo pasar, fluir, no reaccionar violentamente, etc. Escuchamos que, frente a un conflicto, hay que respirar, observar la situación y actuar como los seres buenos y pacíficos que debemos ser. Todo esto me parece muy positivo, en el sentido en el que nos conecta con nuestro ser superior y nos pone a reflexionar sobre nuestras reacciones frente a los otros bajo un trasfondo de amor. Es importante para los que, como yo, ni siquiera se consideraban merecedores de la bondad o el cariño de dios, o legítimos portadores de la dicha y la calma. Es algo positivo para los que creen que ser bueno es tonto o sinónimo debilidad.

Sin embargo, también creo que algo primordial falta en ese discurso yogui “nueva era”. La insistencia en que somos seres de luz oculta otra realidad no menos importante de ver: sin duda alguna, tenemos también sentimientos de envidia, venganza, competencia, destrucción y esos sentimientos guían una buena parte de nuestra vida. No ver cara a cara estos sentimientos es un problema, pues, al no verlos, ellos siguen funcionando a nuestras espaldas. Si no hemos limpiado tales sentimientos de venganza, violencia, envidia, etc. es muy difícil que un discurso donde nos dicen que seamos seres de luz sea efectivo y realmente permee por completo nuestras interacciones con los otros.

Los teóricos del Pathwork dicen que todas estas características de lo que ellos llaman el ser “inferior” no son más que la tergiversación de una inmensa cantidad de energía muy potente para la acción. Esos sentimientos de venganza y envidia son realmente poderosos. Es por eso que podemos pensarlos como nuestro demonio interno, entendido este simplemente como la distorsión del poder de lo infinito en servicio del ego.

Una forma muy sencilla de comenzar este proceso de desenmascarar nuestros sentimientos negativos es evaluar una situación difícil que se nos haya presentado en el día. Obviamente, esta situación involucrará a otros, pues son ellos nuestra escuela de vida, gracias a los cuales podemos avanzar en nuestra transformación personal hacia la completa luz.

Yo, por ejemplo, escogí la situación siguiente. Conocí a un hombre que me gustó mucho en mi trabajo. Por eso mismo, todos mis “demonios” empezaron a revolotear alrededor mío. Hubo más o menos intercambios en los que quedó claro nuestro mutuo gusto. Sin embargo, había sido yo un poco más directa con él y por eso mi ego había sentido que había cedido el poder. Frente a esta terrible idea para el ego (ser débil, estar en desventaja) escogí (aunque no era consciente de ello en el momento) una estrategia para volver al “equilibrio”. Cerca al final de la jornada, vi un mensaje donde él me pedía que lo esperara al salir. Yo le respondí que lo iba a pensar y, al finalizar el trabajo, salí sin despedirme y le escribí que tenía apuro. El hombre quedó un poco confundido con mi forma de actuar y yo, por mi parte, terminé haciendo algo que no quería, que no era fluido, algo atropellado y que, sin duda, era un acto de venganza. A este nivel sutil es que podemos comenzar el cambio. No le hice un daño irreparable a nadie, pero actué con venganza. ¿Por qué?, ¿qué motivaciones y temores tengo para actuar así? ¿Qué imagen del mundo en mi mente sustenta estas acciones?

Únicamente observar este tipo de cosas resulta muy sanador. Hacerse cargo de estas pequeñas o grandes venganzas es el primer paso.

Sigo encontrando coincidencias entre este camino que he ido aprendiendo con el Pathwork y el Curso de milagros. Un par de semanas atrás, Isa decía a propósito de su lección sobre el curso:

Se llega a la conexión apartando los estorbos, aquello que hacemos que nos impide percibir lo natural (estar con dios, que es amor y, al ser amor, es felicidad). Me pongo a ver en mi mente cómo quiero castigar, quiero reconocimiento, etc. y me decido a verlo y pienso si realmente lo quiero para mi vida. Eres un hijo de dios y nunca vas a querer la venganza, lo que pasa es que te vengas sin darte cuenta, porque el ego hace que te equivoques, te engañes a ti mismo. Si nos preguntan si eres una persona que miente, que quiere lo peor para los demás, dirás que no, pero sí, y todos diremos no, tú tienes celos, envidia, no, pero sí. Sí lo hacemos, y eso lo tenemos que pescar. Mientras nos creemos que no lo hacemos, no tenemos mucha solución, porque nos creemos que no lo hacemos pero sí lo hacemos. (https://www.youtube.com/watch?v=8tt4YqkFeCc)

Claro, nada de esta sanación puede hacerse sin pedir ayuda a nuestro ser superior, la verdadera luz. Isa misma lo dice en el video que cité arriba: “Jesús es el arquetipo del amor, él es un compañero amoroso, es un arquetipo que nos dice puedo mirar mi ego y sentirme al mismo tiempo inocente, y saber que, desde mi inocencia, eso yo no lo podré realizar, no podré realizar la venganza. Si no me doy cuenta, pues lo hago sin querer. El Curso dice toma responsabilidad de todos tus pensamientos de odio y muerte que van muy rápido y aprende a detener el pensamiento y observarlo”.

Y sí, la verdad es que, a medida que vamos descubriendo con mucha compasión y valentía nuestro lado “oscuro”, cada vez más podremos irlo sanando. Es un camino difícil, porque además todos estos sentimientos están enlazados a algo muy potente: el placer negativo. Disfrutamos del drama, del conflicto, de la idea del mundo como un campo de batalla. Por eso, estas cosas están muy arraigadas en nosotros, atravesadas como están por el placer. Sin embargo, todas esas cosas que nos negamos a ver están bloqueando nuestro camino a la felicidad. Probablemente nos han servido para vivir la vida y salir adelante, y por eso debemos agradecerles a nuestros demonios por habernos sido de alguna forma útiles. Les agradecemos antes de dejarlos ir. Sin embargo, si realmente queremos ser felices, es hora de enfrentar este lado oscuro, sentir la verdadera responsabilidad de haber actuado así (no una culpa cristiana, sino la aceptación de eso que hicimos y de sus consecuencias). Esta aceptación, sin duda, conllevará a un dolor, pero no un dolor destructivo o irreparable. Solo hay que sentirlo y luego seguir, abrir los brazos a la dicha que nos merecemos.

 

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