Cómo enfrentar una pelea con otro

kangaroo_fight_in_the_golden_hourHay personas que no le temen al conflicto directo con otras personas, o incluso lo disfrutan, saben llevarlo muy bien y siempre están alerta, en la actitud de “no me voy a dejar”.
Pero este no es el caso de todos. Yo, por lo menos, le temo al conflicto, porque pienso que no tengo el carácter para defenderme, y por ello temo que las personas con las que discuto vayan a herirme irremediablemente de maneras que luego no puedo sanar.
Esta forma de verse a uno mismo como víctima por supuesto da frutos en nuestras vidas: en mi caso, las personas me han herido profundamente de maneras que no he sabido bien aún cómo sanar. Pero esto se debe a que hemos adoptado imágenes de la realidad que son erróneas y que volvemos a recrear una y otra vez para ver si podemos “salir ganando”, cuando esto es imposible, justo por las formas en las que nos vemos a nosotros mismos y a los otros. Es similar a cuando un niño se forma la idea errónea de que, si no muestra sus sentimientos, entonces será amado (o mejor, no será rechazado), porque sus padres respondían negativamente a sus expresiones de afecto y emocionalidad, entonces, al hacerse adulto, busca de nuevo comprobar que, al no demostrar sus emociones, será querido, atrayendo justo personas que no reaccionarán bien a sus expresiones de afecto (que ni siquiera ha explorado), y el resultado es inevitablemente negativo.
De hecho, la Guía del Pathwork dice que el miedo es el síntoma de las personas demasiado centradas en sí mismas, que temen demasiado por lo que le pueda pasar a su “pequeño ego”. Entonces ese miedo al conflicto también tiene que ver con que tomamos demasiado en serio nuestro ego, nuestra vida actual y su supuesta finitud.
Todas estas formas de verse a uno y a los otros están basadas en la dualidad: malo/bueno, correcto/incorrecto, inocente/culpable. Esto explica por qué nos empecinamos, cuando tenemos una disputa con alguien, en tener la razón: inconscientemente, y aunque a nivel racional parezca absurdo, estar en lo incorrecto significa la muerte, pues significa la negación del otro. El otro a sí mismo cree necesitar tener la razón, porque de lo contrario sería negado por uno. Este asunto se complica cuando se abren dos posibilidades: si el otro acepta que tenemos la razón, no se siente como si nos estuviera amando y, si el otro no acepta que tenemos razón, entonces nos enfrentamos a una nueva disyuntiva. O cedemos para que ya no nos odie, ante lo cual creemos que nos estamos traicionando y sometiendo, o seguimos peleando hasta que el otro ceda. Nada de eso trae una aceptación verdadera ni paz alguna.
Por eso es que tampoco quien está siempre listo para pelear y se sale con la suya está en la actitud correcta: esta persona piensa que ganar está bien y perder está mal y pelea con todas sus fuerzas para siempre tener la razón.
¿Cómo actuar entonces cuando estamos en esa situación de tensión, peleando con otro?
Hay una fórmula muy sencilla que nos da la Guía: en el momento de la pelea, pregúntale a la parte sabia de tu ser, ¿cuál es la verdad de este asunto? esto implica que tal vez tú no estés en lo correcto, que tal vez el otro tenga ciertos puntos de verdad y tú otros. Cuando ya no pones tu ego y tu opinión por encima de todo, sino que permites una perspectiva más amplia, incluso a costa de tener la razón, la inspiración llegará.
Si tal vez no pudiste hacer eso en el momento mismo de la pelea, puedes hacerlo después, cuando reflexiones sobre ella. Nunca vas a resolver un conflicto pasado recordando el dolor que te causó el otro. Dejar de pensar en ese dolo nos aterra, ¿qué tal si lo hace de nuevo?, ¿qué tal si cree que puede hacerlo de nuevo pues yo lo he perdonado? ¿qué tal que piense queno lo hizo porque yo lo he perdonado? es nuevamente el miedo a la negación… la muerte. Le damos mucha importancia a nuestro pequeño ego, nos quedamos en dualidad. Cuando nos centramos solo en el dolor que causó el otro estamos perpetuando nuestra ceguera. Nunca debemos olvidar que, al tener una disputa, hay un área ciega que nos impide ver otras perspectivas así como el otro tiene su área ciega que le impide ver otras perspectivas.
Si humildemente clamas por la verdad de la situación, te darás cuenta de que esa disputa es una oportunidad muy bella para comprender tu relación con esa persona, cómo es que esa pelea llegó a existir y cómo no ha sido solo la historia de un día, sino de muchas interacciones pasadas.
Y no solo eso, las disputas permiten conocerte mejor a ti mismo, ubicar esas imágenes negativas que tienes de la realidad, de ti y de los otros, y así, poco a poco transformar tu vida.
Sat Nam!
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