Experiencias de vidas pasadas: cómo han sanado mi vida

Siri Gurudev

 

Copia
Foto de fundación Waja – meditación kundalini para dejar el pasado atrás, realizada con amigos en el parque Nacional. 

Todo comenzó con un dolor de cuello. Uno de esos que no te deja dormir ni estar de pie, ni sentado, de ninguna forma. No una tortícolis común, ni un espasmo leve: un dolor fuerte de verdad, incapacitante. Ante el dolor de cuello, la pregunta de qué significa tener ese dolor más allá de que hay un espasmo en los músculos por malas posturas, exceso de trabajo, etc., qué significa para mí como un todo, como cuerpo, como espíritu. Eso y otras situaciones críticas me llevaron a buscar y a leer.

Lo primero fue algo simple, bueno como introducción: Louis Hay. Mi amiga Johana me la recomendó porque, en el libro Cómo sanar tu vida, hay un cuadro donde ella explica qué significan las diferentes enfermedades a nivel emocional. En la introducción, ella dice que nosotros escogemos el país donde nacemos y a nuestros padres, teniendo en cuenta el carácter infinito de nuestra alma y las veces que decidimos hacer este viaje en la tierra para aprender. Años atrás, esta idea me habría parecido absurda, “reencarnación”, nunca hubiera creído en tal cosa. Pero en ese momento, ya podía leer y asimilar la hermosa sabiduría. Entonces, me puse a pensar si las crisis y el problema de salud en el que estaba en ese momento podían encontrar alguna luz si me hacía una regresión. Le pregunté a mi amiga Har Rai sobre el asunto y ella me dio unos links de youtube que podían conducirme a un estado donde volviera a experimentar alguna de mis vidas anteriores para entender cosas de ahora. El link que más me atrajo fue este https://www.youtube.com/watch?v=xTnAqDPBsoY  (si lo quieres en español: https://www.youtube.com/watch?v=Hliw8RyVM_M) de Brian Weiss.

Planeé entonces que lo haría de noche, en mi habitación. Solo hasta hace poco, hablando con personas que no están involucradas en asuntos como estos, me di cuenta de cuán apropiado era aquel momento para mí, pues no sentí miedo, ni nada de lo que esas personas hoy en día me dicen que tienen en contra de experiencias de regresión. No, yo sentía alegría, ansiedad de que llegara el momento de completo silencio en el que pudiera ponerme mis audífonos y sentarme en la cama a comprobar que mi alma ha transitado muchos más caminos que estos, que ha sido hombre, mujer, madre, abuelo, etc.

Aunque el objetivo de mi primera regresión era tener algunas luces sobre mi crisis de aquella época, la voz de Brian me condujo a ver algo que me ayudaría a comprender otro asunto complejo de mi vida que no tenía entonces muy presente. Primero, Brian nos conduce a eventos de la vida presente. Algunas veces estos recuerdos ayudan también a resolver cosas presentes. Luego, pasamos a ir más atrás de este nacimiento. Entonces, me vi como un hombre salvaje, con pies descalzos y peludos, en una jungla. Tenía pieles encima de animales y mi cabello era largo y café, yo era mestizo. Amaba mi jungla y vivía allí en paz. La escena siguiente fue mi encuentro sexual en plena floresta con una mujer que era de la realeza o no sé cómo se diría, pero era hija del gobernante de ese lugar. No tenía permitido acercarme a ella y unos soldados nos descubrían cuando estábamos juntos. Me llevaban preso y lo siguiente que vi es que, en esa vida, estuve décadas encerrado y morí allí, solo, en esa prisión oscura de piedra y metal. No sé cómo, pero sabía que la princesa tuvo un hijo mío y nunca lo pude conocer.

El conocimiento de ese yo pasado me ayudó a ir despejando ciertos temores que siempre he tenido sobre los encuentros sexuales. Creo que muchas personas los tienen, pero mis reacciones corporales y los indicios de pánico me parecían muy intensos, y a lo mejor se relacionan con esa vida en la que me descubrieron y me llevaron preso. Después de esa pequeña regresión (el audio dura más o menos 36 minutos donde hay 20 de regresión), mis relaciones sexuales han sido mucho más tranquilas y placenteras.

La siguiente experiencia que tuve fue con Jimena Correa, excelente terapeuta, yogui y amiga. La fui a buscar por referencia de Har Rai, porque me había enamorado de un hombre y, cuando él estaba cerca, me sentía terrible. Sentía como una especie de pánico, me temblaban las manos, las piernas, no podía controlarme. Sé que esas situaciones me ponen nerviosa, pero este caso era, de verdad, extremo, era enloquecedor y pude recordar que otras veces me había sucedido, pero ya estaba en un momento en el que no podía aceptar que esto fuera admisible para mí, quería sanarme. Además, había una parte de mí que temía a ese hombre y, aunque no tenía explicación alguna, sentía que él podría hacerme daño, fantaseaba aterrada con que podía incluso acabar con mi vida, como si en otro mundo diferente de este ya lo hubiera hecho.

Jimena me introdujo en un estado profundo de relajación rodeada de cristales en todo mi cuerpo. La pregunta era qué estaba sucediendo con este chico, y eso era lo que estábamos buscando resolver. Me vi en el vientre de mi madre, queriendo salir pronto por los conflictos que se sentían viniendo en ella. Luego supe que nací dos meses antes de lo previsto por una riña que tuvo mamá. Después, me vi a mí misma siendo una pequeña niña de un pueblo, tal vez en Europa. Vivía con mi familia en una casa rústica de piedra y techo de paja. Hombres armados invadían nuestra aldea. Quemaban y mataban a todos. Yo me metía en un canasto gigante y, desde los espacios entre una hebra y la otra, veía y escuchaba como mataban a mi familia. Yo quedaba huérfana y el chico del que estaba enamorada hoy en día era también un chico huérfano del pueblo. Él trataba de acercarse a mí y yo lo rechazaba. Solo lo veía pasear por las calles como yo, pero no le daba el chance de ser mi amigo. En esa vida, yo me convertía en una especie de mendigo. Me quedaba a vivir en esa casa de mis padres y las personas me daban comida, me ayudaban. Me moría ya siendo vieja en la cama de paja de mis padres, sola.

Se supone que uno se lleva “sellos” de vidas pasadas, pensamientos negativos sobre el mundo que surgen del sufrimiento que vivimos allí. En ese estado de profunda concentración, podemos tratar de reprogramar esos pensamientos negativos para sanar nuestros bloqueos presentes. Con el asesinato de mis padres, el sello fue: “es mejor estar solo para no sufrir”. Idea que me traje hasta esta vida presente y que probablemente hace que sienta pánico cuando me enamoro. Un año después de esa regresión, he logrado dejar atrás dos hombres que no son para mí y con los cuales no puedo formar una relación sana y duradera. Actualmente, y por primera vez, siento que estoy lista para encontrar una pareja madura, espiritual, líder, que me eleve y que pueda construir conmigo un futuro. Tengo esperanza.

Un año después, hace un par de días, el dolor de cuello estaba intenso como antes. Visité mi biblioteca y tomé el libro Many masters, many lives de Brian Weiss. Ya no estaba pensando en regresiones, de hecho, no me acordaba que la primera de ellas había sido con él. Leer el libro es una experiencia preciosa. Es la historia de cómo aquel hombre de ciencia, siendo médico psiquiatra de medicina tradicional, recibe una paciente que, con hipnosis, comienza a recordar sus vidas pasadas, y cómo, él, poco a poco, va abriendo su mente para comprender y cómo recibe, por parte de su paciente, hermosas lecciones de maestros espirituales que se comunican a través de ella.

Leerlo me dejó en un estado muy bello de gozo y paz. Recordar la infinitud de mi alma hizo que mis problemas presentes, incluido el dolor, ganaran una dimensión más realista (en una realidad donde esta vida es solo una escuela más) y  una visión menos terrible y absoluta. Me sentí más paciente y relajada en mis interacciones diarias y me sentí más capaz de manejar los imprevistos de la cotidianidad.

Entonces pensé que podía tratar de nuevo una regresión con el Dr. Weiss para ver si ganaba luces sobre el dolor de mi cuello (vuelvo al inicio de este viaje). Sobre todo, porque he pasado por muchos médicos y terapeutas y mi cuello no sana. Cuando fui esa semana al último de ellos, pensé, “algo está mal”, es como si yo no creyera que merezco esta curación, como si, tercamente, me hubiera convencido de que es incurable y ninguna persona me puede ayudar. ¿Por qué pienso y siento eso?, ¿de qué me estoy castigando?

Era de madrugada y puse la grabación sentada entre mis cobijas. Una de las primeras cosas que me sorprendió fue que, al regresar a momentos de mi vida presente, vi cómo lloraba sin pausa porque me dolía mucho la barriga, era bebé. Mi mamá estaba desesperada, porque mis llantos, casi gritos, eran insoportables. A ella le había dicho (tal vez el pediatra) que yo no tenía nada, entonces ella no entendía lo que pasaba. Yo, siendo aquella bebé, sentía mucha angustia, porque no quería que ella siguiera enfadada o desesperada, y yo trataba de no llorar, pero era incontenible, porque el dolor era muy fuerte. Este momento de estrés en mis primeros meses me ayudó a comprender asuntos de hoy en día. Luego, me vi más grande, como de un año, pateando una pelota roja en el pasto, muy feliz. Lo siguiente fue verme como un joven de pelo rubio en el mercado de una aldea. Mi tía de hoy en día era allí mi abuela y vendía manzanas. Ella era muy amorosa conmigo y sentía su apoyo como algo muy importante en mi vida. Después, veía que me había convertido en soldado y me iba a la guerra. Otro hombre me cortaba la cabeza y yo moría instantáneamente. La sabiduría que me llegó de ese momento no era que me dolía el cuello porque me lo habían cortado en otra vida, sino que en esa vida pasada yo no había aprovechado el tiempo ni a mis hijos, no le había expresado amor a nadie, era gruñón y seco. Cuando moría, había lamentado mi comportamiento, no haber sido bueno con los míos, y el dolor de hoy era como un recordatorio de que podía morirme cualquier día y por eso debía tener interacciones santas (como en el Curso de milagros) con los demás para reparar mis errores pasados, aprender y evolucionar como espíritu. Ese mismo día, comencé a aplicar esta enseñanza. No es nada fácil, se me cruzan mis resentimientos, mi ego, muchas cosas. Pero, con todos los que he visto desde entonces, he pensado: si me muriera hoy, ¿esta es la forma en la que quiero que me recuerden?, ¿quiero que estas sean mis últimas palabras? Ha sido difícil, pero es un hermoso propósito. Mi dolor de cuello ha disminuido notablemente y no sé si se sanará, pero al menos he aprovechado este asunto para aprender, para crecer; y eso ya es bastante.

No me imagino qué más enseñanzas y sanación puede venir si hago regresiones más largas con alguien que me guíe en la hipnosis. Espero hacerlo muy pronto. Como dice mi maestra Isa: “vida, aquí estoy”.

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