2018: saltar al abismo

Hay flores debajo del falso abismo.
El árbol que la mente dibuja
cubre la vista.

Pocas veces he saltado.
Mi cuerpo tiembla.
Después,

calor,

 

libertad marítima,

 

sonido de corriente

 

infinita.

La nueva montaña,
El acantilado que no existe,
mis vidas pasadas y futuras.

¡Vengan, ángeles aventureros!
Faciliten mi viaje,
con su manos fantasmas
enlazadas en las mías.

Espero no olvidar
Que ellos han venido,
y que a veces,                                                yo soy el ángel.

¡Fiesta en el aire!
Mi alma cabalga,
en una hoja de otoño,
que me lleva
a la próxima caída.

IMG_0896
Ocaso en St. Petersburg, Florida.

Una de las cosas que aprendí en el 2017 (gracias al Pathwork) es que entregarnos al amor se siente como lanzarnos sin razón a un abismo. Darle paso al amor, pensamos, es ser débiles, es quedar en desventaja. Quien calcula y no da sin antes recibir, quien contiene el amor para prevenir una herida, ése, pensamos, es el astuto que debemos ser.

Entonces, para protegernos, contraemos el corazón, cerramos el pecho, oponemos resistencia.

En el nivel del alma, que es expansiva y eterna, este bloqueo es un sentimiento angustioso de pérdida y un anhelo. Actuamos desde le miedo y causamos heridas. Apenas vamos aprendiendo.

Sin embargo, siempre hay un instante, una posible pausa meditativa en el tiempo del mundo presente en la cual tenemos la oportunidad de rendirnos, de enfrentar el falso miedo a la muerte. Observamos el terror de frente, y con un pensamiento que dios sostiene (el ego solo nunca puede), decidimos tomar el lado del amor.

En el mundo de las cosas, el cambio no parece notable. Le confesé algo a un amigo, le dije a mi pareja que le extraño, no discutí con la vecina… Pero en el alma, la sensación de triunfo y libertad son indescriptibles. No importa si se trata de decir decir una simple verdad a un ser querido, dar un beso, no contener una caricia. La libertad que viene cuando el alma se entrega al amor es maravillosa y da una enorme perspectiva de lo que somos capaces y de lo que todavía falta por vencer.

¡Que el 2018 nos encuentre llenos de coraje y amor propio para saltar una y mil veces al falso abismo!

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