La decepción amorosa: un camino para aprender

Siri Gurudev

¿Alguna vez les ha pasado que salen con alguien, se ilusionan, pero luego la persona con la que salen no puede tener una relación como la que ustedes quieren y todo se acaba? Seguro que sí. A mí me ha pasado más veces de las que quisiera. De hecho, tengo doble titulación y un doctorado en ruptura de corazón.

Por eso es que he buscado y pedido a la sabiduría divina formas en las que pueda mitigar mi sufrimiento, si es que no es posible evitar el corazón roto.

Aquí les comparto algunas de las cosas que me han ayudado a sanarme.

Cuando tenemos roto el corazón, es común que nos quedemos encerrados en la idea de que somos víctimas y que la otra persona es malvada porque jugó con nosotros. Decimos “me rompieron el corazón”. En esta sensación hay parte de verdad, porque todos y cada uno de nosotros, si fuéramos más conscientes y estuviéramos menos heridos, lastimaríamos menos a los demás. Sin embargo, ahondar en ello, en los otros, no es tan productivo. ¿De qué sirve estar en ese lugar de víctima o de culpar afuera?, ¿estamos aprendiendo alguna lección valiosa o creciendo espiritualmente si nos quedamos allí?, ¿qué aprendemos de nosotros mismos al solo apuntar al exterior?

En mi programa de Pathwork for Self  Transformation aprendemos que hay una cierta compulsión de recrear nuestra niñez cuando establecemos relaciones con otros (incluso amistades). Por una parte, queremos volver a vivir aquello que experimentamos cuando niños para ver si esta vez podemos “ganar” o “corregirlo”, juntándonos con personas similares a nuestros padres.

Por ejemplo, si mi padre o madre fue emocionalmente distante, yo puedo tratar de tener relaciones románticas o amigos que son emocionalmente distantes para ver si esta vez puedo tener el amor que nunca tuve. Puedo buscar amigos que me darán ayuda material si estoy mal (dinero, un lugar donde quedarme, un etc.), pero que no serán capaces de escuchar y entender lo que siento o lidiar con mis emociones. Otro ejemplo. Si mi padre o madre fue emocionalmente inestable y yo tuve que actuar como el adulto, puedo buscar amistades o relaciones de personas que sufren constantemente y que yo tengo que “rescatar”, lo cual me generó cuando niño un sentimiento de no ser visto y no ser amado que se vuelve a sentir en el presente. Esto muchas veces lleva a que, cuando vemos que las cosas no cambian esta vez, sintamos dolores tan profundos como de morir. Seguro les resultará familiar a algunos, por ejemplo, cuando peleamos con algún amigo y se siente tan intenso como una ruptura de corazón.

Estos dolores están sobre-impuestos a un dolor primero: el dolor de haber tenido un padre o una madre distante o emocionalmente inestable, por ejemplo. La Guía dice que si somos capaces de volver a ese dolor primero que se generó cuando niños, hacer el duelo, llorarlo, procesarlo sanamente, entonces las decepciones de amor, que sin duda podrán venir, dolerán, pero no se sentirán tan difíciles como un mal dolor de corazón. Volver a esa etapa de nuestra vida nos parece tan aterrador que muchos ni siquiera aceptamos que nos afectó y que nos dolió (mucho menos que sigue haciéndolo), porque pareciera como si volver allí significara un sufrimiento de muerte.

Por experiencia propia les puedo jurar que no lo es, que es mucho peor el sufrimiento de la ruptura de corazón ahora que llorar el abandono o rechazo parcial o total de nuestros padres en el pasado. En mi curso, llamamos a este dolor primero “dolor suave”, y así se siente, muy real, muy intenso, pero no de muerte, sale del cuerpo como agua, no siento que necesite controlarlo o dosificarlo. El dolor que se sobrepone le llamamos “dolor duro” y así es, es duro, también lo sé por experiencia.

¿Y qué pasaría si esta vez ganamos, es decir, si la persona nos da el amor que queremos tal y como lo queremos? Lamentablemente, esto es imposible, es imposible ganar. Es cierto que cuando pequeños tuvimos que haber tenido ese amor y cercanía, pero ahora, siendo adultos, nadie puede darnos ese amor ni debería intentarlo, porque no sería sano, ya no somos niños. Ahora, siendo adultos, somos nosotros mismos los encargados de nutrirnos y respaldarnos en nuestro camino por la vida. Por supuesto, sí merecemos amor, apoyo y atención de nuestros amigos y pareja, pero no como compensación de una falta de amor propio o de una herida de niñez que no se ha cerrado.

Otra razón por la que tenemos esta compulsión de recrear las heridas de la niñez es por la familiaridad que se siente cuando estamos allí. Creemos que así es como se siente el amor, nos resulta familiar el sentimiento de estar con esa persona. Esto es muy complejo, porque implica que debemos ser observadores compasivos de nuestras propias emociones, manteniendo una duda saludable acerca de ellas. Puede haber un gran placer involucrado en estas situaciones que recrean la niñez, porque cuando niños relacionamos aquella experiencia con el placer de ser amados. Que se sienta tan “bien” genera cierta confusión en nosotros, porque el sentimiento puede ser muy intenso y nos da esa idea de que no podemos evitarlo, “yo sé que esa persona no es para mí, pero no puedo evitar estar con ella”, hemos dicho a veces.

Entonces, ¿cómo sobrevivir a una ruptura amorosa? Mi consejo es: mira para adentro. Ten el coraje de enfrentar tus propias heridas, hazles el duelo, y ya verás cómo poco a poco atraerás menos desamor y rechazo a tu vida, poco a poco la compulsión de recrear la niñez cesará y estarás listo para toparte con personas capaces de amarte de veras y darte todo lo que mereces.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s