Roles de género y yoga: carta a Seva Siri Kaur

Esta carta va dirigida a Seva Siri Kaur (Clara Muñoz), una mujer radiante, maestra de kundalini y de Mujer de luz, madre y esposa que hace parte Comunidad yoga Bogotá. Una noche, cenando en grupo con ella, surgió el tema de los roles de la mujer y el hombre según las escuelas de formación en kundalini yoga. Este texto es a propósito de nuestro encuentro.

clarita Querida Seva Siri,

Nuestra conversación del martes me dejó pensativo y eufórico. Siempre me sucede cuando se habla sobre el rol del hombre y de la mujer en el contexto del yoga kundalini. Sé que quedamos en conversar sobre eso para tus clases, pero no soporté las ganas de escribirte. Este es solo el abrebocas de nuestro próximo encuentro en cuanto a mi posición; tengo muchas ganas de escuchar la tuya y aprender.

Creo que para hablar de estos temas necesitamos hacer algunas precisiones. Diferenciar ciertos conceptos para que podamos hablar con claridad. Entonces, te contaré la historia como yo la conozco a partir de estas palabras clave.

En primer lugar, tenemos el concepto de sexo, que tiene que ver con nuestros cromosomas, nuestras gónadas internas y nuestras gónadas externas. El ser humano, a partir de ciertos sistemas de pensamiento, ha divido a las personas según estas características en hembras y machos. Resultó que había líneas grises en este espectro, las personas intersex. Estos últimos han sido forzados, históricamente, a modificar su cuerpo para caber en alguna de las dos primeras opciones: macho o hembra. La verdad, estas categorías son solo una interpretación. Por ejemplo, antes solo existían machos, y las hembras se veían como machos con gónadas externas invertidas.

Aunque evidentemente los cuerpos de todas las hembras no son iguales, así como los cuerpos de todos los machos no lo son, algunas generalidades como la capacidad de engendrar un hijo o una fuerza física menor derivaron en ciertos roles sociales para machos y hembras. Así, se dijo que todas las hembras eran mujeres y que todas las mujeres eran hembras (y lo mismo con los hombres) y que a cada uno (mujer y hombre) le correspondían unas actividades, unas actitudes y un lugar en la sociedad.

El hombre ocupó “naturalmente” el espacio público, la toma de decisiones y el desarrollo del pensamiento. La mujer tomó “naturalmente” el espacio del hogar, el silencio intelectual y político y a la no decisión sobre lo público.

Desde luego, esta es una tosca e irónica generalización que pareciera sugerir algún tipo de cronología línea de algo mil veces más complejo. Simplemente la utilizo para explicar que el género se entiende como una lectura social del sexo siendo él mismo (el sexo) también una interpretación.

Estas diferencias biológicas derivaron en un sistema sexo/género desigual, en donde los hombres tienen más privilegios que las mujeres. En este sistema, los hombres consideraron a sus mujeres como propiedad suya, merecedoras de maltrato, castigo, etc. al no cumplir sus órdenes. En este sistema, también, a los hombres se les prohibió la expresión de sus emociones y de su afecto hacia otros hombres, se les obligó a defender su masculinidad con fuerza física, poder sexual, soledad frente a los problemas, entre otras. Desde luego, no hubo chance de que esos roles se rompieran sin pasar por un castigo, una corrección o algún tipo de ostracismo forzado por parte del trasgresor.

Esta reflexión sobre el sistema sexo/género apunta a que nos hemos convencido y hemos convencido a otros de que estas cuestiones de los roles son asuntos “naturales” y de “sentido común”, sin cuestionarnos sobre a quién exactamente sirve este “sentido”. Se dice que: “podemos calificar de ‘ideológicas’ a ciertas formas específicas de conciencia siempre que sirvan para sostener, legitimar o estabilizar determinadas instituciones o prácticas sociales”. En ese sentido, lo que quiero decir es que el género es una ideología, y que es nuestra decisión si aceptamos la versión tradicional a-críticamente y, aún más, si la enseñamos.

Afortunadamente, los seres humanos muchas veces en la historia hemos sido rebeldes y nos hemos alzado en contra de la represión y la injusticia. Tarde o temprano, este sistema sexo/género fue puesto en duda por quienes estaban en desventaja: las mujeres. Y luego por muchos otros que sufrían discriminación a partir de estas ideas fijas sobre lo que debe ser la mujer y el hombre como los homosexuales, los travestis, etc.

Para reaccionar frente a este levantamiento, muchas personas hábiles utilizaron la biología como arma. Ellos dijeron que no mantenían un sistema desigual por decisión propia, sino porque era lo que la naturaleza había puesto en este mundo. Ellos dijeron que no era algo en discusión, sino un hecho científico, y que por eso no había nada que cambiar.

Todavía hay miles de personas que afirman esto, y no todas son conscientes de que su naturalismo es la base de fines violentos y discriminadores.

Eso me sucede a veces con el paradigma detrás del yoga kundalini. Este paradigma no esgrime argumentos científicos occidentales, pero sí tiene esa pretensión de verdad y “naturaleza” que, a mis ojos, nos ha hecho daño como seres humanos. Por ejemplo, en los escritos de Humanología, nuestro maestro Yogui Bhajan habla de los roles “naturales” del hombre y de la mujer, y esas sentencias a partir de la energía que predomina en cada uno, etc. lo que cada uno debe hacer y el lugar que debe ocupar no suenan diferentes de los argumentos biológicos que te mencioné.

He presenciado a algunos, basados en este paradigma yóguico, hablar de la decadencia de nuestra sociedad a causa de que esos roles han cambiado o que las familias ahora son diversas, homoparentales, etc. Ellos piden volver a las tradiciones “naturales” del deber ser. Cuando esto pasa, siento como si alguien me dijera que nuestra sociedad está en decadencia porque las personas de color ahora tienen (se supone) los mismos derechos que las demás, siendo que, en verdad, ellos son (y esto, dicen, no es una interpretación, sino la citación de un hecho) naturalmente inferiores.

También he escuchado sobre el entrenamiento que les dan a las mujeres en el marco del yoga kundalini sobre cómo caminar y cómo comportarse según un paradigma de la feminidad.

Pero, ¿cómo puede ser esto, pienso yo, si los profesores de yoga somos sanadores, fuentes de luz y amor en el mundo?, ¿cómo puede ser esto, pienso yo, si, como dice mi maestra Isabel Solana, quienes practicamos yoga limpiamos el karma del mundo como esos peces que limpian con su boca todo el mugre de las peceras?

El cuestionamiento de los roles de género no es algo que estemos solamente reflexionando hoy en día, ¡es algo que está pasando, simplemente pasa, es, no hay marcha atrás! De eso se trata la era de acuario, ¿no?  Y, ¿cómo el yoga va a actualizar sus conocimientos para que resulten coherentes con aquellos imperecederos como el de algo más grande que nosotros que no rechaza a nadie (“the ocean refuses no river”)?

Siento que está en nuestras manos este trabajo.

Yo, en lo personal, soy interpelado por estos temas ya que tuve la bendición de conocer a personas transgénero y transexuales en mi camino. Estas son personas que nacieron, por ejemplo, con un cuerpo de hembra, pero han decidido ser hombres (o viceversa).

Luego de conocerlos, me di cuenta de que yo tenía algo en común con ellos. Me di cuenta de que soy una persona que no se siente a gusto ni con la categoría de hombre ni con la de mujer, teniendo un cuerpo de hembra.

Yo no puedo, y creo que es incorrecto, decirle a mis amigos y compañeros de lucha o decirme a mí mismo que lo que somos está mal, es inmoral o es indebido, que no es nuestra naturaleza. Esto está pasando y cada vez hay más y más como nosotros. Sin duda alguna, merecemos una vida digna y plena de derechos. Sin duda alguna, el camino del yoga (unión) está también disponible para nosotros.

Por fortuna, muchos de mis compañeros de formación y profesores han escuchado mi historia y me han llenado de amor. Incluso algunos de ellos han hecho un gran esfuerzo por comprender este asunto complejo de los géneros y se han confrontado a sí mismos. Mi esperanza está con ellos.

Seva Siri, quisiera terminar contándote una anécdota.

Ayer acompañé al aeropuerto a Hari Nam Singh Khalsa, quien partía de su visita por Colombia para Buenos Aires.

Mientras comíamos helado, hablamos sobre este asunto.

Él me decía que mi sexualidad o mi identidad de género era lo que menos le importaba, que él se relacionaba conmigo en tanto alma infinita y noble. Le parecía extraño que, en el campo del yoga, me identificara como persona trans. ¿Para qué?

Yo le mencioné que si todos pensaran como él no tendría que hacerlo, pero este no es el caso.

Desde lo más profundo de mi corazón, le pregunté que si yo decidiera bautizarme como Sikh, alguien iba a impedírmelo por ser como soy. Le pregunté con angustia verdadera si tendría que exiliarme de los Sikhs al decidir, por ejemplo, tener una relación homosexual.

Él me dijo que en el código de conducta Sikh lo importante es el compromiso. En ningún lugar dice que debo ser mujer y estar con hombres. Simplemente, dice que si escojo entregarme al alguien lo haga de verdad, con compromiso y altura.

Hari Nam me dijo que él es ministro Sikh, y que si yo me quisiera ordenar, me haría las mismas preguntas que a cualquier persona y consideraría mis intenciones y mi devoción como en cualquiera. Él me dijo que no pensara en ellos (la hermandad de la Khalsa) negando mi bautizo, porque él también era “ellos”.

Seva Siri, yo nunca voy a olvidar lo que él me dijo a continuación.

Hari Nam afirmó que si yo realmente estuviese entregado a este camino, con compromiso y con todos los valores que representa el Sikhismo, él me bautizaría. Que él me defendería ante quienes quisieran expulsarme, que él y muchos que él conoce estarían conmigo.

No te voy a negar que derramé algunas lágrimas sobre mi helado.

El abrió su billetera y me dijo:

Esta es mi credencial de ministro. Es tuya. Siempre que tengas un problema, muéstrala y di que yo te respaldo.

Credencial

Nunca voy a olvidar ese gesto. En menos de una hora, aprendí una lección de amor para siempre.

Con cariño,

Tak

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8 thoughts on “Roles de género y yoga: carta a Seva Siri Kaur

  1. Alma infinita que se hace llamar con el nombre de Tak, agradesco tu carta, pero realmente anhelo tenerte frente a mi, mirando tus ojos profundos que reflejan tu alma y sentirte tan real, tan humana como yo misma.
    Estoy deacuerdo con Hari Nam Singh, y tu anécdota también me saco lagrimas de amor.
    El camino del Yoga en el que yo creo, abraza toda manifestación de la creación en la que somos infinitos, Sat Nam, la verdad es nuestra identidad, ” No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual, somos seres Espiritual teniendo una experiencia humana” así que cada quien que disfrute su experiencia y aprendamos todos juntos desde la diversidad, el respeto, admiración y hermandad.
    En reverencia,
    Seva Siri Kaur.

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  2. Tak hermosa alma pasando por esta vida. Te toco a ti esta tarea para llevar la espada de muchas almas pasando por lo mismo. Ese es tu Darma. Ese es tu don. Esa precisamente esa es la razón por la que la vida te puso en nuestros caminos.
    Besos del corazón.

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  3. Gracias por compartir tan bonitos pensamientos y esa anécdota tan bella.
    Aplica para todo… los seres que transitan entre los géneros llevan una de las peores partes, pero casi todos sentimos que somos insuficientes e inadecuados para merecer la luz Divina. Gracias por mostrar tu bella luz y por recordarme mía.
    ¡Bendiciones!

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