Enfrentando el rechazo y abandono

siri gurudev

Durante varios años he estado sanando el abandono de mi padre. Parte del proceso ha sido entender que esa herida se ha proyectado a todas mis relaciones, de manera que las formas en las que respondo a grandes o pequeños rechazos y abandonos de las personas es intensa, y yo no entendía por qué. Me daba mucha rabia ser así, quería no sentir lo que sentía para que los demás no se dieron cuenta, o simplemente porque he sufrido y no quería más dolor. Como tenía tanto miedo al rechazo y abandono, hice un gran trabajo inconsciente de distorsión y negación, no queriendo ver lo que estaba ante mis ojos.

Mi niño interior pensaba que, si aceptaba las señales (porque los otros siempre nos dan señales de que nos están rechazando o de que van a abandonarnos, pero no las queremos ver), el dolor de ver la realidad me mataría. Así que me quedaba en relaciones que no son buenas para mí. Parte del problema de no aceptar lo que es radica en esta confusión auto-infligida de la realidad que hace que perdamos en ella nuestro valor como personas o la claridad de qué es lo que realmente merecemos.

No ver afuera no es mirar para dentro, es mirar para otro lado, un lugar donde hay verdad y falsedad, todo junto y mezclado.

Heridas como la de mi padre no se sanan pronto. Hay que aceptar, llorar lo que haya que llorar, enojarse cuando haya que enojarse y, después de mucho tiempo, empezar a perdonar. Esto pasa solo cuando podemos ver a la persona que nos ha herido como un humano, con matices, miedos y errores, lo cual da mucho miedo. Pensamos que, si entendemos mejor a quien nos hirió, eso significa que estuvo bien el mal que nos hizo. Así que preferimos seguir en la distorsión. No es así. Estuvo mal que mi padre me abandonara y yo no lo me merecía. Estuvo mal. Y con todo, creo que algún día lo podré perdonar, porque ya lo he visto más como un humano y además ya he sentido parte de lo que tengo que sentir para que esa capa de emociones represadas en mí no me sigan quitando energía.

Solo con este proceso, cosas en mi vida se han transformado enormemente. Yo siempre andaba con cansancio, sintiendo que la energía no me alcanzaba y que tenía que irme a dormir. Los médicos me diagnosticaron hipotiroidismo y hasta fatiga crónica. Con mi camino de sanación, ya no me siento así, y cuando lo hago, sé por qué y siento compasión por mí. Si tengo que dormir, me duermo; si me tengo que ir, me voy.  Ya casi no hago cosas que no quiero hacer. No me junto con personas que no quiero, ni hago trabajos que odie o me quedo en lugares porque me da vergüenza irme. Tengo más confianza en mí y eso se ve en la forma en la que hablo e interactúo con otros. Mi ansiedad cuando conozco gente nueva o estoy en contextos de sociabilidad se ha casi evaporado por completo. Y mejor aún, ya no salgo con gente que me hace sentir rechazo intenso o confusión. Aunque todavía atraigo este tipo de gente, ya no me quedo con ella. Estas son las recompensas de mi trabajo espiritual.

Finalmente, todavía tengo mucho camino por recorrer, pero estos son algunos aprendizajes que he adquirido en mi camino y que les quiero compartir:

Ante el rechazo

WAHE GURU!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s